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viernes, 11 de noviembre de 2011

A toda vela.

Cuando menos te lo esperas,
el día menos pensado,
me había enamorado,
de una puesta de sol verdimiel.

Una puesta de sol alegría,
rojo intenso de pasión,
siempre todo corazón,
siempre cerca del arcoíris.

El miedo a seguir,
La locura del tiempo,
La huella del viento,
sin poder imaginar un mundo
en el que tú no existas. 

martes, 13 de septiembre de 2011

Ave fénix

El hombre, único ser que tropieza siempre con la misma piedra.
Sabe que va a tropezar, que se volverá a hacer daño.
Pero no le importa cuán dura será la caída, porque la ilusión
y el amor son como un ave fénix, renacen de las cenizas.

martes, 17 de mayo de 2011

Microrrelato

Se alza ante mí gloriosa, imponente, tremendamente hermosa. Sus formas de hierro definidas, su cúspide desde la que parece que se puede ver el mundo entero, incrustada en una ciudad de ensueño que suena a canción, a deseo, a amor, a todas esas cosas bonitas que hacen que el corazón nos dé un vuelco. Una ciudad de sueños, de pasiones, de millones de historias. Una ciudad que cautiva a cualquier persona de cualquier parte del mundo, una ciudad activa, alegre, bohemia. Una ciudad de artistas, uno de los núcleos de la cultura desde hace siglos. Y el maravilloso río, y sus orillas, y las terrazas, y los libros antiguos y otros recuerdos ya olvidados apilados en los puestos que recorren la calle. Paris, je t'aime.

martes, 11 de mayo de 2010

Descripción de una mañana de Reyes (Microrrelato)

Tic, tac, tic, tac, tic...

- ¡Mamá, papá! ¡han venido los Reyes!

Nos levantamos perezosamente de la cama, tan sólo eran las seis de la mañana y Erick, nuestro hijo, ya se había levantado. La mañana de Reyes siempre se levantaba temprano alborozado por la emoción y los nervios. Nos lo encontramos sentado en el suelo de la cocina, abriendo cuidadosamente el primero de los diez paquetes que allí había. Siempre le había gustado abrir despacio los regalos, como saboreando el momento. Terminó de abrir el paquete y de él surgió una caja de colores vivos, era un muñeco muy popular de unos dibujos animados que veía siempre después del colegio. Lo dejó a un lado. Comenzó con el siguiente, al que le siguieron seis más. Hasta que por fin, solo quedaba un pequeño paquete cuadrado encima de la mesa. Estábamos ansiosos por ver su cara; al observar que no había prestado demasiada atención a los otros regalos, sabíamos con seguridad que éste sería el que más ilusión le iba a hacer.

Lo abrió como él acostumbraba y... era un libro.

- ¡Vaya! - corrió a abrazarnos con sus ojos llenos de infinita emoción - ¡es el mejor de todos! ¡el mejor! ¡gracias papá y mamá! - nos dijo con lágrimas en los ojos, incapaz de contener su asombro y su alegría.

- Hijo, cada día te entiendo menos - le dijo su padre con cariño - yo cuando tenía tu edad prefería un muñeco mucho más que un libro, eran como mis pequeños tesoros.

- Bueno, cada uno tenemos nuestros propios tesoros ¿verdad papi?, para mí un libro es el mayor de todos los tesoros del mundo.

lunes, 10 de mayo de 2010

Amaina (Microrrelato)

Hace años me di cuenta de que una enfermedad podía cambiar tu vida drásticamente, la tuya y la de tu familia.

A veces él era feliz, un instante más tarde, el mundo se le caía encima.

Nunca pregunté qué ocurría, pero algo me imaginaba.

Después de muchas cavilaciones, solo me salieron tres palabras que para mí fueron muy importantes:

- Te quiero papá - le dije.

Él sonrió, y deseé que esa tierna sonrisa no volviera a apagarse nunca.

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