lunes, 23 de mayo de 2011

Los sueños

Yo creo en los sueños. ¿Por qué? muchos dirían que la razón es que en algo hay que creer, que si no la vida se hace triste y aburrida. Pero no, no es por eso por lo que yo creo en los sueños.
A mi parecer, los sueños son una conspiración de la vida
que hace que veas mas allá. ¿Por qué me voy a limitar? eso sería dejar
de creer en uno mismo. Porque si yo digo que voy a ser escritora,
aunque escriba muy mal, sé que puedo conseguirlo.
Porque no hay nada imposible en esta vida, recordad que da tantas vueltas que a veces cuando mirás atrás y piensas en todo lo que has vivido incluso te asustas. Por eso yo creo en los sueños, por eso, y porque aunque algunos los he visto cumplidos, sé que si quiero y pongo de mi parte, los demás también se cumplirán.
No dejéis nunca de soñar, porque entonces dejaréis de vivir.

martes, 17 de mayo de 2011

Microrrelato

Se alza ante mí gloriosa, imponente, tremendamente hermosa. Sus formas de hierro definidas, su cúspide desde la que parece que se puede ver el mundo entero, incrustada en una ciudad de ensueño que suena a canción, a deseo, a amor, a todas esas cosas bonitas que hacen que el corazón nos dé un vuelco. Una ciudad de sueños, de pasiones, de millones de historias. Una ciudad que cautiva a cualquier persona de cualquier parte del mundo, una ciudad activa, alegre, bohemia. Una ciudad de artistas, uno de los núcleos de la cultura desde hace siglos. Y el maravilloso río, y sus orillas, y las terrazas, y los libros antiguos y otros recuerdos ya olvidados apilados en los puestos que recorren la calle. Paris, je t'aime.

lunes, 16 de mayo de 2011

Diálogo


- ¿Qué prefieres, un cuento inacabado, o una historia sin empezar?
- Creo que elegiría un cuento inacabado, sería como una historia interminable. ¿Y tú, qué prefieres?
- Una historia sin empezar, sin duda.
- ¿Por qué?
- Porque si está sin empezar, la puedo empezar yo.

Microrrelato

La misma tarde grisácea en el mismo banco de siempre. Una rutina para algunos, monótona, para mí, insuperable. La marea sube y baja tranquila. El vaivén me recuerda mucho a ese poema que tanto me gusta de Machado: ''caminante no hay camino, se hace el camino al andar, caminante no hay camino, sino estelas en el mar''.
De repente, una sirena de barco, un sueño, una canción y, finalmente, tú.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Tormenta de experiencias (Microrrelato)

Miro los libros que hay frente a mí. Verdaderos amigos, compañeros de soledad y de dicha, tormentas de páginas llenas de calma y aventuras que hacen afortunada incluso al alma más desdichada. Los últimos y más valiosos recuerdos de una vida plena que no me dejó indiferente.

jueves, 14 de abril de 2011

El muro

Esa voz sigue resonando en tu mente. El muro infranqueable que habías superado volvía a ponerse en tu camino, cortando tu respiración, haciéndote sentir el ser más despreciable de la Tierra. Has cambiado de personalidad, de pensamiento y de acción, pero no es suficiente. El muro seguirá persiguiéndote hasta el fin de tus días, sin darte una segunda oportunidad, sin dejarte vivir. No la hagas y no la temas, el muro está ahí para recordarte tus errores día tras día, pero piensa que pase lo que pase siempre podrás volver a levantarte y empezar de cero.

sábado, 12 de febrero de 2011

Carta de Réquiem

Me senté a la mesa de madera, dolida, triste, pero dispuesta. Le iba a escribir mi última carta, para contarle las consecuencias que había traído su rechazo a este triste corazón:
Al amor de mi vida le escribo esta carta, la última, la definitiva. Te has mantenido impasible ante mis últimas confesiones, que con todas las ilusiones, yo te había hecho.
¿Por qué siempre actúas así? te mantienes frío ante los que te rodean, caminas por la vida a tientas y no anhelas ni una gota del amor. Te lo he expresado hasta la saciedad, desde el cariño, desde la ira, desde la impotencia, y ni te has dignado a contestar.
Que si tuviera algo contigo, me saldría del guión, tendría coraje y fuerza, te daría el corazón. Pero no, es insuficiente para tu arrogancia y tu frialdad.
No estás, te vas. ¿Has experimentado alguna vez el levantarse solo, tarde y no tener ganas de trabajar? ¿Ni tan siquiera querer esforzarte, o soñar?
Pero te vas. Y con esta carta de humo y palabras te quieres quedar, con tu indiferencia y superioridad, que ha dado muerte a este pobre corazón.
Si no te puedo hacer feliz, si tan siquiera una oportunidad me quieres dar, ya no me queda nada, y me voy.
Adiós.