lunes, 30 de enero de 2012

Soy mujer


Mujer,
Clara y suave como un beso de luna,
Cálida y brillante como un sueño de verano,
Tantas pugnas no habrán sido en vano,
Pues tú eres más bonita que ninguna.

Mujer,
¿Qué importa de dónde vengas?
Europa, África, Asia, América u Oceanía,
De donde vinieras yo te querría,
Pues en tu piel llevas la lucha y eres todo corazón.

Mujer,
Incomparable ser,
Con ninguno te compares,
Pues no existe la comparación entre iguales.


Mujer,
Un mundo sin ti sería en blanco y negro,
Ámate, siéntete orgullosa y fuerte,
Que el destino quiere que lo intentes,
Quiere ver tus sueños hechos realidad.




Mujer,
Que si tuviera algo contigo,
Me saldría del guión,
Tendría coraje y fuerza,
Te daría el corazón.

Mujer,
Tú eres capaz de todo.


Esta poesía es para un concurso al que me he presentado. :) Espero que os guste.

sábado, 21 de enero de 2012

Sigo soñando.

El mundo es una burbuja de injusticia. Esto lo pensé el otro día cuando estaba leyendo el periódico. 
La noticia del cierre de Megaupload ha corrido como la pólvora, y a día de hoy, veintiuno de enero,
dos días después del cierre del popular site de descargas, la noticia sigue siendo tema de portada. 
Internautas y algunos autores se quejan de la tremenda injusticia del cierre y de la profunda recesión
que se va a producir al empezar a censurar Internet, con la que yo también estoy de acuerdo. 
Sin embargo, hay noticias que han dejado de ser portada pero para las personas que desgraciadamente
las están viviendo en sus carnes es un tema de portada diario en horario ininterrumpido. 
Son noticias, que llevan desde que por lo menos tengo uso de razón estando ahí, a la sombra. A veces,
son portada: ''Catástrofe alimentaria en el cuerno de África''. Muy bien, pero a la semana siguiente,
otra noticia es portada y parece que ya hemos erradicado el hambre en el mundo. 
Claro, luego viene la crisis y nos echamos las manos a la cabeza y entonces somos víctimas.
Por supuesto sin acordarnos de gente que no ha vivido otra cosa que la crisis y mucho más acentuada
de lo que hay ahora. Nos quejamos del paro, pero hay gente que nunca en su vida ha tenido un trabajo
digno. Nos quejamos de la justicia, pero hay millones de personas que no conocen ese término. 
Y, para más inri, no hace falta irse hasta África para ver pobreza. Mismamente en Madrid, si nos ponemos
a mirar detenidamente por la calle, encontraremos un montón de personas que viven como pueden en los
parques, en los soportales para guarecerse de las inclemencias del tiempo e incluso en algunos pasillos del metro. Pero en vez de compadecernos de ellos (parece que la compasión y la humildad se han muerto en esta era de consumismo), nos quejamos de que Madrid está muy sucio y lleno de mendigos. Y nosotros, que somos más chulos que un ocho, mandamos cartitas al Ayuntamiento o a quien corresponda quejándonos. Parece como si los pobres fueran pobres porque quieren. A veces, todos, creyentes y no creyentes, deberíamos hacer un poquito de examen de conciencia y ver qué podemos hacer que esté en nuestra mano para mejorar las cosas. Conozco a mucha gente que se queja de lo sucias que están las calles en Madrid, pero segundos después tiran un papel al suelo. ¿De qué nos quejamos entonces? 
Es lo mismo que pasa con los latinos emigrantes en España. He oído a toda suerte de personas berreando porque 'son unos guarros', 'no saben vivir en sociedad', 'a ver si se van a su país y dejan de llenar el nuestro de mierda'. A alguien hay que echarle la culpa, para variar. Seguro que los emigrantes que vemos últimamente en Madrid llenando sus carros de chatarra que encuentran en los contenedores lo hacen porque ganar tres mil euros al mes sentados en una oficina y con una señorita que les traiga el café no les agrada en absoluto. 
Y en plena crisis, ya hay muchísimas personas que han tenido que emigrar a otros países para poder ganarse un sueldo decente. Eso, señores míos, también es emigración. Y estoy segura de que si no te queda más remedio que irte a otro país a trabajar, como muchas personas tienen que venir a España, te sentirías como un despojo social si tu honorabilidad se viera criticada por ser español, si te consideraran lo más bajo de la sociedad en la que vivas. 
Afortunadamente, todas estas cuestiones se pueden solucionar entre todos. Pero es mucho más sencillo girar la cabeza y mirar hacia otro lado, seguir con nuestras quejas porque somos los mejores. 

Muchas personas me han dicho que tengo una humanidad y una sensibilidad enormes, pero yo digo que no. No soy un ser ejemplar ni muchísimo menos. Sólo soy un ser humano. 
Y que nadie que piense como yo, se crea el mejor ser que puebla la Tierra. Porque no lo es. Simplemente es el pensamiento que deberíamos tener todos y cada uno de nosotros con respecto a los demás y la sociedad en la que vivimos. 


domingo, 15 de enero de 2012

Fuerza


Sonríe,
El creador de los sueños te espera,
Resplandece una luz en ti,
Maravíllate ante la vida.

Sonríe,
Quizás te crees sin fuerza,
Pero no hay mayor fuerza que tu sonrisa.

Sonríe,
Te esperan un millón de oportunidades,
No retrocedas ante el primer obstáculo.

Sonríe,
Sonríe con más fuerza cuan mayor sea la desdicha,
No dejes de sorprenderte ante la vida,
La pasividad ante el mundo reposa junto a la ignorancia.

domingo, 8 de enero de 2012

Sigo creyendo en el mañana.


Mira hacia el mar, espumoso y brillante,
No puedo escapar a su mirada azul,
Me persigue como si de mi nombre se tratase,
Cuando escapo de la mirada de la gente.

Quiero recoger las nubes,
Sentarme en una de ellas y viajar por el mundo,
Ver la tristeza y el dolor, la felicidad y la dicha que asolan el planeta,
Quiero ver sonrisas, llenas de matices,
Quiero llorar con una puesta de Sol.

Necesito ver tus labios,
Tocarlos, rozarlos con las yemas de mis dedos,
Necesito que me abraces,
Como si no hubiera un mañana,
quizá no lo habrá.

Pienso en ti y en mí,
No puedo pensar en nada más,
La eterna canción se repite,
¿sí, no? ¿no, sí?
Me iría hasta el fin del mundo, sólo, si es contigo.

Y en las tardes primaverales,
Con el Sol tocando nuestros rostros,
Te lo diré suavemente al oído, para que solo tú lo escuches, para que solo tú lo puedas oír. 

viernes, 6 de enero de 2012

Tiempo


Cuando me miro frente al espejo,
veo cómo han pasado los años,
echo de menos ese cuaderno viejo,
aquél que no volverá.

Cuando miro hacia delante,
Veo un mundo de colores,
Luces y sombras que no alcanzo a vislumbrar,
Cuando miro hacia el pasado,
Mi sonrisa echa a andar.

Cuando te miro,
mis ojos se iluminan,
el resto del mundo puede esperar,
quédate conmigo. 

miércoles, 14 de diciembre de 2011

'Todo'

Hablo de un amor que supera los límites, que sobrepasa las distancias, el tiempo, todo. ¿Qué es todo? Según el diccionario, 'todo' indica que es lo que se toma en su totalidad, sin excluir ninguna parte ni ninguno de los elementos que lo integran.
Entonces, 'todo' somos nosotros, tú y yo, aunque no aparezca en el diccionario.

jueves, 8 de diciembre de 2011

Cuento de Navidad 2011 'La Navidad no es sólo recibir, también es dar'


‘’Londres se convierte en una bella estampa blanca en Navidad’’
Así rezaban todos los diarios del 24 de diciembre de 1836. La ciudad estaba completamente cubierta por el gélido manto blanco, dando un toque nostálgico y a la vez entrañable a la imagen de la ciudad el día de la Nochebuena.
Todas las personas caminaban alegres por las calles, comprando diversos víveres para ultimar los detalles de la cena. Algunos compraban pavo, otros compraban pasteles,  y, cómo no, regalos de Navidad.
Todas las personas que su poder adquisitivo se lo permitía, claro.
En los suburbios, los barrios en los que habitaban los obreros de las fábricas de la ciudad, la imagen era bien distinta. No había ni un alma por las calles, ni siquiera los habituales gatos callejeros que rondaban en busca de algo que llevarse a las fauces.
En las casas de los barrios de los obreros, no se cenaba pavo en Nochebuena, no había pasteles recién horneados coronando una bella mesa adornada. Era un día como otro cualquiera para aquél que debía trabajar día y noche para poder alimentar a su familia.
La casa de Lilly y Paul Steven no era menos. Lilly, esposa de Paul, esperaba como cada día a que su marido llegase de la fábrica. Con lo que había estado ahorrando de un pequeño trabajo que había encontrado cuidando a los hijos de una señora que vivía en los barrios residenciales, había podido comprar unas verduras y unas frutas para darles una sorpresa a sus hijos y a su marido. Lilly y Paul tenían tres hijos, dos niños, Robert y Louis, y la pequeña Lilly.
Un año antes habían perdido a Gerard, el hijo mayor. El médico estaba de acuerdo en que la causa de la defunción había sido el exceso de trabajo, pues trabajaba quince horas en una de las fábricas de textil de la ciudad. Esta sería la primera Navidad sin Gerard.
A las diez de la noche, como cada día, entró por la puerta del minúsculo inmueble Paul.
Tenía la cara surcada de arrugas, a pesar de que este año únicamente había celebrado su trigésimo quinto cumpleaños. Las manos, llenas de marcas por llagas debido al trabajo, y unos ojos profundos pero vivaces a pesar de todas las calamidades.
- ¡Feliz Nochebuena familia! – dijo con una sonrisa en la cara mientras los niños corrían a abrazarle.
- Buenas noches cariño – dijo la esposa depositando un beso en la frente de su marido.
Paul escondía algo detrás de la espalda, quizás fuera la causa de esa extraña felicidad después de un durísimo día de trabajo, aunque no menos que los anteriores.
- Tengo una sorpresa, bueno, dos – dijo Paul misterioso – una es para mamá y la otra es para todos.
- ¿Una sorpresa? – dijo algo temerosa Lilly al pensar que quizá en un arranque de emoción Paul hubiera gastado sus últimos ahorros en algunos regalos para los niños.
- Dos sorpresas, querida – repitió Paul sin perder la sonrisa.
- ¡Tarán! – de la mano izquierda salió un pequeño ramo de flores blancas – este es el regalo de mamá.
- Es precioso, Paul – dijo la mujer extasiada, pues hacía tiempo que no podían permitirse nada por el estilo, aunque inmediatamente después le volvió el miedo por el dinero que le habrían costado a su marido las flores.
- Y… el otro es… - Paul sacó lentamente la mano derecha, era un sobre no muy grande, lo abrió y de él sacó otro papel que le tendió a su mujer.
Lilly pasó la vista rápidamente por el papel, no una vez, ni dos, sino hasta tres veces.
- Pero Paul… ¿y esto?¿cómo es posible…? – preguntó la mujer incrédula sin apenas poder casi hablar.
- La paga de Navidad del señor Rockenhawer, este año ha sido muy generoso. Ha sido gracias a que arreglé el telar, no sé si recuerdas que se atascó una bobina de hilo hace unos meses y se montó una trifulca tremenda. El único que se quedó con el señor Rockenhawer a arreglarlo fui yo, y de ahí su generosidad con nosotros. También, me ha pedido que ejerza de su secretario porque le asombra que a pesar de trabajar como un simple obrero me sepa expresar también y cree que le podría ser de ayuda en sus negocios con otros patronos.
- ¡Es maravilloso! ¿estás seguro de que el señor Rockenhawer lo ha dicho en serio? ¿no lo habrás soñado? – preguntó Lilly atónita.
- ¡Por supuesto que no, Lilly! Y eso no es todo, me ha comunicado expresamente que si voy a ser su ayudante, no podré vestir de harapos ni vivir entre maleantes y prostitutas, así como mi familia tampoco. Por tanto, nos ha ofrecido que Robert, Louis y Lilly den clases con la institutriz de sus hijos y nos va a permitir vivir en la propiedad que tiene junto a su casa en West End.
Todos se habían quedado atónitos. El West End era uno de los barrios residenciales en los que la aristocracia y los empresarios tenían sus viviendas. Calles pavimentadas, jardines…
La familia no podía salir de su asombro.
- Pero, ¿sabéis una cosa? – dijo Paul con lágrimas en los ojos – que lo más importante es que os tengo a vosotros, mi familia, y que hemos pasado por momentos duros pero todos hemos colaborado para a pesar de las dificultades ser felices. Qué pena que Gerard no pueda ver esto – dijo mientras se santiguaba.
Había un pequeño árbol de Navidad colocado en un rincón de la casa y unos calcetines navideños raídos colgaban de él. Paul se asomó al rellano del apartamento y cogió otra bolsa, ésta era grande y lustrosa. Sacó tres pequeños paquetes de colores de él y los colocó bajo el árbol, y tres bolsas de caramelos que depositó en los calcetines.
- ¿Qué es esto papá? – preguntaron los tres niños al unísono a la vez que señalaban los paquetes bajo el árbol.
- Esto, hijos míos, se llaman regalos, y es tradición que en Navidad la gente se los dé a las personas que más quieren para verlos sonreír.
Ni Lilly ni los tres niños podían disimular el júbilo que sentían.
Era la primera Navidad de su nueva y humilde vida.